Anguiano

Cómo es Anguiano

Danzador sobre zancos durante la bajada de las escaleras

Conocido internacionalmente por su famosa "Danza de los Zancos", Anguiano es un pequeño pueblo de La Rioja (España) situado a las puertas de la Sierra, en el valle del Najerilla. Ofrece al viajero la hermosura laberíntica de su casco urbano, un paisaje montañoso de excepcional belleza y además representa un enclave turístico perfecto desde donde poder disfrutar del arte, historia y tradiciones de las poblaciones cercanas ya que se encuentra, si nos referimos a carretera, a tan sólo 15 minutos de la localidad de Nájera y de los Monasterios de Valvanera y San Millán de la Cogolla, a 20 minutos de Santo Domingo de la Calzada y de cualquiera de los hermosos pueblos serranos de las 7 Villas y a 40 minutos de la capital riojana.

En la actualidad componen la villa tres barrios bien diferenciados: Cuevas, con una interesante arquitectura popular y donde se levanta la Iglesia de San Pedro del s. XVI; Mediavilla, con magníficas casas de sillería engalanadas con escudos nobiliarios, presidido por la Iglesia de San Andrés también del s. XVI; y el barrio de Eras, zona dedicada tradicionalmente a pajares y repleta hoy de edificios de reciente construcción.

Su economía está dedicada básicamente; al sector servicios, con una variada oferta de restaurantes, bares y alojamientos; y a la ganadería, con un número importante de cabezas de ovino, vacuno, caprino y caballar que aprovechan los extensos y riquísimos pastizales.

En los últimos años se han instalado en la localidad pequeñas empresas dedicadas a la elaboración artesanal de mermeladas, quesos o morcillas y ha proliferado la especialización de la agricultura de la famosa alubia roja de Anguiano, aunque también siguen conservándose los pequeños huertos cuya producción se destina al consumo familiar.

Los Riscos
Ganadería

Los aprovechamientos forestales son importantes en bosques de haya mancomunados con Matute y Tobía, también lo es la práctica cinegética, con subastas de batidas de jabalí y pasos de paloma y la pesca en el Najerilla, curso prestigioso por la calidad y abundancia de sus truchas.

Conforman el término municipal una serie de parajes de profunda belleza: bosques frondosos de hayas y robles; prados de altura; riberas sombreadas por chopos, abedules y avellanos silvestres, barrancos abruptos y roquedos impresionantes...

La fauna es, consecuentemente, variada: rapaces nocturnas y diurnas, jabalíes, corzos, conejos, ranas, salamandras, tritones,... habitantes de un mundo hermoseado por una flora diversa: líquenes y helechos en los bosques; claveles silvestres, pampajaritos y ombligo de Venus en los menores resquicios de la roca; tomillo, romero, abrótano, retama y aulagas en el monte bajo.

Anguiano ofrece muchas y muy variadas alternativas de turismo y ocio, rutas senderistas, gastronómicas, de escalada y a caballo, atractivas zonas para la caza y la pesca, variados actos culturales, deportivos y festivos y como no, su principal seña de identidad la famosa Danza de los Zancos en honor a Santa María Magdalena que todos los años se celebra el 22 de julio y el último fin de semana de septiembre. 

Puente Madre de Dios del S. XVIII

Jesús María Martínez Alesanco en su libro “La Danza de los Zancos desde 1603 a 2003 en Anguiano” describe ¿Dónde está y cómo es Anguiano?:

Entre Nájera y Valvanera, carretera comarcal-113 de La Rioja. Ya desde el empalme de Pedroso, el paisaje se va cerrando con los farallones de Peña Reló por la derecha y los cerros de La Gabriela y Cueva Mori por la izquierda. Viejos muros de ruinas monacales como mirador del río sobre el Najerilla; laderas con encinas, aulagas, espliegos y retamas; espesos bosques de hayas pegados a los vallejos allá arriba. Pero es en la “revuelta” del Encinedo cuando nos encontramos casi de repente con el pueblo, y lo primero que se ve, son los Riscos. Riscos erectos, firmes, orgullosos, separados por el Najerilla. Enormes taludes alzados por las presiones internas de miles de años, tensionadas sus vetas por las recónditas fuerzas de la Tierra, que los eleva en el aire hasta hacerles mostrar sus estratos hoy del todo verticales.

Riscos de imperturbable presencia, pero con entrañas perforadas por grutas y oquedades propias de su orografía caliza; cuevas internas, vírgenes la mayoría.

Y entre los Riscos, el río, y sobre el río el Puente. ¡Madre de Dios qué puente! es la involuntaria expresión que suele venir a los labios del que se asoma al pretil y en el abismo contempla la corriente saltarina en el tajo del Najerilla. Y con ese nombre se quedó: Puente de la Madre de Dios.

Resulta sorprendente lo que las aguas han sido capaces de hacer a base de años en esa cadena de rocas, picos y peñascos que desde el Serradero se van desgranando en cordillera hasta las cimas de San Quirico en la margen opuesta del Najerilla. Y claro, el río en medio, queriendo pasar. Y las rocas cediendo a la fuerza erosiva de la corriente, a su perseverancia, a su “trantrán”.

Y luego ya en el pueblo, sus tres barrios. Tres barrios que son dos en la orilla derecha del Najerilla (Eras y Mediavilla) y otro en la margen izquierda al abrigo del Risco (Cuevas). “Tres barrios, tres puentes y tres clases de gentes”.