Anguiano

Leyendas y Crónicas

CRÓNICA: ANGUIANO PUEBLO CULTO: (relato de 1965)

Programa de fiestas de 1965, donde el ayuntamiento muestra su agradecimiento a José Bezares Murga, un Indiano que donó 8.000 pesos para fundar un “Aula de Latinidad” en la “época dorada del pueblo”, el Anguiano de 1751:

 La grandeza de un pueblo no se mide solamente con el nivel económico. En la balanza de la apreciación hay otros valores mucho más fundamentales: son los valores culturales… los valores religiosos…

En esta breve reseña queremos hacer constar la cultura que Anguiano tuvo en su “época dorada”… cuando el estudio fue posible a todos los jóvenes del pueblo, gracias a la generosidad de un “INDIANO”.

Allá en la ciudad de los Reyes del Perú, en medio de la fastuosidad y la opulencia, vive un hijo de Anguiano. Se llama José Bezares Murga. La fortuna sonrióle con sus favores, pero el corazón de nuestro hombre no se tornó duro como el metal.

Escribe al pueblo diciendo que desea agradar a Dios por esta ayuda, y también quiere agradecer al pueblo que le vio nacer, al gran “favor de la cuna y educación”. Sabe perfectamente lo importante que es para el hombre una buena instrucción, y por eso cree que el mejor agradecimiento es… <<hacer partícipes a los jóvenes de Anguiano, de una cultura amplia y sólida por la cual podrán escalar puestos en la sociedad>>.

Cae en la cuenta de que de la buena educación de la juventud “resultan grandes provechos espirituales y materiales”, y entonces determina fundar en su lejano pueblo un AULA PUBLICA DE LATINIDAD, donde se aprendan los rudimentos de humanidades y latín.

Por ese tiempo Anguiano era próspero y rico por las industrias que en él florecían. José Bezares Murga va a completar esta grandeza, abriendo las puertas del saber a todos los muchachos de Anguiano. Así, recalca el Indiano, “por la doctrina y la enseñanza, los jóvenes huyen de los vicios”. Y para que en Anguiano haya “ciencia y virtud”, el día 30 de noviembre de 1751 funda la CATEDRA DE LATINIDAD.

Envía 8.000 pesos. Se ha de comprar por 1.000 pesos una casa amplia y limpia. Y con los restantes 7.000 pesos se comprarán tierras buenas tanto en Anguiano como en los pueblos de la vega del Najerilla. Con los réditos de estas tierras pagarán al Preceptor anualmente, y a los niños pobres se les comprará libros, cuadernos y vestidos.

Las principales obligaciones del preceptor serán las siguientes:

1)      Abrir el Aula todos los días que no sean festivos y enseñar a todos los que acudiesen, sin recompensa alguna ni aceptación de personas.

2)      Como botón de muestra de la religiosidad de aquellos tiempos, he aquí la segunda obligación: Oirá misa diariamente con todos sus alumnos. Y por la tarde, acabado el estudio, rezará con ellos el Rosario a la Madre Dios.

3)      Comulgará con todos sus alumnos en las principales fiestas del Señor y de su Santa Madre, de modo “que no pase mes alguno sin gustar sus almas de tan sagrada refección”.

4)      Y medida drástica, comprensible para aquellos tiempos: “Limpiará el Aula de mozos lascivos, ociosos, inquietos e inútiles y de cualquiera manera perjudiciales al buen ejemplo de los demás…”

El preceptor será no menor de 40 años ni mayor de 55.

Esta Cátedra formó la juventud de Anguiano durante más de un siglo, y recorriendo el archivo parroquial se leen nombres ilustres de hijos del pueblo que ocuparon altos puestos eclesiásticos y civiles. La juventud de entonces se formó en el estudio, en la religión, en la honradez.

La fama de esta Cátedra de Latinidad atrajo muchos forasteros. En el año 1840 se cobra a los alumnos una pequeña cantidad: 7 reales a los del pueblo y 11 a los forasteros.

De este modo, en la “época dorada” de Anguiano, teníamos riqueza, cultura, religiosidad.

Ante este ejemplo, debemos dedicar un recuerdo cariñoso a aquel hombre bueno, rico y entrañable, que hace dos siglos supo abrir los horizontes culturales de su pueblo.