Anguiano

Portada del programa de fiestas de 1966
Portada del programa de fiestas de 1966
Cálices del S. XVII Iglesia de San Andrés
Cálices del S. XVII Iglesia de San Andrés

Leyendas y Crónicas

CRÓNICA: ¿DONDE ESTÁ EL TESORO PARROQUIAL? (relato de 1966)

Relato del programa de fiestas de 1966 sobre la venta de los valiosos objetos de culto de la Parroquia.

Resulta un poco extraño a todos los que visitan nuestra parroquia, el que a pesar de su grandiosidad, no tenga valiosos objetos de culto.

Realmente así es. Tan solo posee de plata, tres cálices, dos copones y la custodia. Y nada más. Corrientes son sus candelabros. De ningún valor la cruz parroquial y los ciriales. Es difícil comprender esta pobreza sabiendo lo que los de Anguiano hicieron en tiempos pasados para que “su iglesia fuera una de las más lucidas del Obispado”. Sin embargo recorriendo el Libro 3º. de Fabrica, se encuentra la explicación de esta chocante pobreza. Y entonces uno queda orgulloso de esta carencia de “tesoro parroquial”.

De su lectura se desprende que la parroquia poseía un fabuloso tesoro, cual correspondía a su grandeza y a la generosidad de sus hijos. Pero, en los tiempos difíciles de la guerra contra los franceses, la parroquia supo desprenderse de sus joyas, para ayudar a sus hijos.

Llegó el año 1810. Sobre Anguiano pesan fuertes tributos que no puede sobrellevar. El pueblo entonces echa mano de los tesoros parroquiales, con aprobación del Obispado.

El día 2 de abril del referido año, los vecinos de Anguiano, D. Antonio León y D. Gregorio García Tobía, venden en el comercio de Sta. Cruz de Logroño, la joya más preciada: El Frontal de plata con la imagen de San Andrés. Pesó 68 libras y 5 onzas. Y el día 24 de abril, los mismos señores venden también en Logroño las siguientes alhajas de plata: Lámpara del Cristo, 6 Candelabros, Ciriales, Campanilla, 4 Cálices, una Custodia y 6 Patenas. Todo esto pesó 54 libras y 14 onzas.

El importe de estas dos remesas asciende a 29.572 reales. Esta suma no es suficiente para liberar al pueblo de sus cargas. Y nuevamente la parroquia abre sus tesoros a las necesidades del pueblo. El 15 de septiembre de 1810, los comisionados D. Manuel Gil y D. Gregorio García Tobía, venden en Logroño las siguientes alhajas, según manifiesta el escribano D. Francisco Sáenz Delgado: 2 Lámparas, la Urna, Incensario, 2 Centros, una Patena. Da un peso de 41 libras y 14 onzas, y la suma es de 10.887 reales.

Todavía el pueblo acude al tesoro parroquial, y continúan vendiéndose los objetos preciosos.

El 20 de febrero de 1811 venden en Logroño: 6 Candelabros grandes (26 libras), 6 Ramilletes, 2 Cristos, Hisopo, Lavabos, Sacras, 2 Cálices y Copón. Todo esto pesó 53 libras. El importe asciende, según certifica el escribano D. Francisco Sáenz Delgado, a 13.612 reales.

Una suma total nada despreciable: 54.071 reales, que la parroquia ofrece al pueblo, a costa de sus magníficos objetos sagrados.

Esta es la razón de la pobreza actual. Pero la iglesia quedó (y está) orgullosa de su pobreza. En tiempos de esplendor, los hijos se volcaron para enjoyarla. Cuando sus hijos necesitaron de su tesoro, ella como madre, supo desprenderse de todo.

Ahora el culto se desarrolla dignamente pero sin lujo. Todo porque un día, en esa “comunicación de bienes” la parroquia generosamente renunció para siempre a ellos, porque sus hijos los necesitaban.