Anguiano

Portada de “Y el Árbol perdió sus raíces”.
Portada de “Y el Árbol perdió sus raíces”.

Fiestas y Costumbres

De las fiestas, oficios y juegos ya perdidos

En la primera mitad del siglo XIX, en la que el número de habitantes era más del doble del actual, la gente de Anguiano tenía una vida, en muchos aspectos, completamente distinta a la actual. Se relata, a continuación, cómo y qué fiestas se celebraban, cómo se casaban, a qué jugaban y qué oficios peculiares tenían. Todo basado en una breve obra realizada en 1984 por la 2ª Etapa de E.G.B. de Anguiano con el profesor José Cabezón Rodríguez. Y el Árbol perdió sus raíces.

Virgen de las Candelas, 2 de febrero

Se celebraba misa y procesión, saliendo ésta encabezada por la Virgen y con todos los fieles detrás portando velas encendidas. Se daba una vuelta alrededor de la “obra” de la iglesia, procurando tener mucho cuidado en que no se apagara la llama, ya que eso era señal de que te esperaba un mal año por lo que algunos fieles estaban más pendientes del bailoteo de la llama que de los rezos.

San Blas, 3 de febrero

A la misa de este día se acudía con unas madejitas de algodón para que fueran bendecidas. Después, todos los miembros de la familia se ataban al cuello un pedazo de ese cordel, dándole un nudo y rezándole un Padrenuestro. Esto se repetía durante nueve días. El último día se lo quitaban y lo quemaban.

El sentido de esta costumbre es bien claro, ya que el santo de este día es el patrono que cuida de la garganta.

También se llevaban a la iglesia caramelos, roscas, bollos, etc., para ser también bendecidos, y comerlos después tras rezar una oración.

Los Carnavales

Comenzaban el martes y acababan el viernes, siendo los días grandes el miércoles y el viernes.

Hombres y mujeres se disfrazaban estos días como buenamente podían. Se ponían caretas fabricadas por ellos mismos con tela o cartón, o bien se pintaban las caras con harina y azafrán, sobre todo harina, para lo cual cada uno echaba mano de la que tenía en casa, o en su defecto, muchos se iban los días anteriores al molino, para que el molinero les llenara un zurraquito. Dedicando una parte para pintarse, y apartando el resto para otra actividad que más adelante veremos.

El martes todo estaba ya preparado. Las gentes disfrazadas según sus posibilidades, más bien escasas, y el espíritu dispuesto para la alegría y el jolgorio. Se mezclaban hombres y mujeres, con la dificultad de saber a qué sexo pertenecían, pues con frecuencia unos se vestían de unas, y unas de unos.

Por la tarde solía haber vaquillas, pero los toros eran mozos disfrazados que llevaban en su cabeza un par de grandes cuernos de vaca o toro.

Al finalizar el día mozos y mozas se iban a bailar al salón de Casimiro García “Piri”, donde había un organillo que proporcionaba la música. Con el tiempo el organillo fue sustituido por músicos.

El miércoles de Ceniza a eso de las cuatro de la tarde comenzaba un espectáculo en el que varios mozos se uncían a un yugo como si fuesen bueyes, delante de ellos iba el yuguero “simentando” ceniza, que esparcía a voleo por el suelo como si estuviera sembrando, enterrándola los que hacían de animales. Los que se comportaban como tales, y trastornaban la vida al yuguero.

Como el resto de los días, al caer la tarde, la fiesta continuaba en el salón de Casimiro.

El jueves, se realizaba la operación y los juegos.

En la operación el enfermo aparecía tumbado en algo que se asemejaba a una camilla, codeada por un grupo de médicos que comenzaban la laboriosa intervención. Si era enfermo, culminaba cuando los cirujanos sacaban metros y metros de intestinos de cerdo que aquél llevaba escondido bajo la ropa. Pero si era enferma, lo que aparecía entre las manos de los galenos era un simpático cerdito que provocaba los aplausos y risas de la concurrencia ante tan insólito alumbramiento.

A media tarde los viejos del pueblo solían hacer de las suyas; sacaban a la plaza un balde lleno de agua y le echaban naranjas que se quedaban allí flotando, atrayendo las miradas de los muchachos que rápidamente formaban un círculo alrededor, dándose codazos y empujones por ser el primero en participar en el juego, que consistía en tratar de sacar una naranja con la boca, cosa bastante complicada.

Cuando se acababan las naranjas, se continuaba con otro juego que tenía los mismos protagonistas pero en el que esta vez el material era un palo, del que colgaba un higo, y los muchachos debían tratar de cogerlo con la boca; pero debían hacerlo con rapidez, pues los viejos tenían un cesto de paja entre las piernas, y cuando los chicos abrían la boca, les metían un puñado.

Otros, agazapados en las esquinas, esperaban a que pasaran personas sin disfrazar para arrojarles puñados de harina, dejándolos blancos como si fuesen muñecos de nieve, y como una gran parte caía al suelo, éste se ponía tan blanco como si hubiera nevado.

El viernes, a la una de la madrugada, y como fin de fiestas, se hacía el entierro de la sardina. Todo era como un funeral, entre varios llevaban las andas, que era una escalera tapada por una manta negra. El que hacía de muerto sacaba la cabeza entre los peldaños e iba andando.

Por delante del muerto (la sardina), marchaban muchas personas mayores colocadas en dos hileras, portando en las manos una vela atada a una escoba que le servía de cirial. No faltaba ni el cura (el único que iba disfrazado) leyendo un libro muy grande que otro que caminaba delante de él llevaba atado a la espalda.

Al final del trayecto el muerto se levantaba y empezaba a bailar, señal de que el carnaval llegaba a su fin.

La celebración de los Carnavales, en Anguiano, se prohibió el en 36 por considerarla una fiesta pecaminosa y peligrosa.

Basado en: Y el árbol perdió sus raíces Realizado en 1984 por la 2ª Etapa de E.G.B. de Anguiano con el profesor José Cabezón Rodríguez.

Domingo Piñata

Se celebraba entre Carnaval y Semana Santa. Este domingo presentaba un especial colorido, ya que tras la misa, mozos y mozas paseaban por el pueblo vistiendo sus trajes típicos, que bien merecen ser descrtos.

Hombres:

-Zagones de piel, fabricados por ellos mimos, que servían para resguardarse las piernas del agua.

-Piales para envolverse los pies, comprados en Ortigosa tras haber cruzado por el monte. Allí había una fábrica que los hacía de paño.

-Abarcas como calzado, con unas correas largas que sujetaban los piales.

-Pantalón estrecho hasta la rodilla.

-Camisa blanca y chaleco negro.

-Capa negra que cubría todo el conjunto.

Mujeres:

-Corpiño negro con manga larga, cerrado en el cuello y con puntillas.

-Falda roja con dos franjas negras.

-Delantal negro.

-Mantón de Manila traído de Ortigosa.

-Zapatos negros.

La Semana Santa

El principio de la Semana Santa no era el Domingo de Ramos, era la víspera, cuando los panaderos se veían, por una vez al año, acompañados en su trabajo de madrugada por los mozos y mozas que allí se reunían para hacer rosquillas, que al día siguiente serían comidas en cuadrilla con la correspondiente chocolatada.

Domingo de Ramos:

Eran las mozas casaderas las que primero saludaban al día, ya que en la madrugada del domingo, los novios o aspirantes a este título, prendían en la puerta o balcón de sus damiselas ramilletes de laurel, romero y olivo con una tarjeta, aunque la tarjeta sobraba, ya que cada ramo tenía su significado:

-Laurel porque te vengo a ver

-Olivo porque te olvido

-Romero porque te quiero.

Por el contrario, los mozos que habían recibido calabazas preparaban su particular venganza desenterrando caballerías muertas arrastrándolas hasta la puerta de la moza. Otros colgaban algún trozo de berza.

La procesión solemne partía desde la iglesia de Cuevas. Viniendo todos los chicos de la escuela formados en dos filas, portando sus respectivos ramos y cantando. Al llegar a la iglesia de San Andrés los colocaban en la parte izquierda del altar, y allí permanecían como soldados con sus ramos dándose con disimulo algún que otro ramazo, preludio de la verdadera batalla campal que los muchachos llevaban a cabo al finalizar la misa. Al salir a la obra, adornada para la ocasión con encinas, los chicos luchaban con los ramos tratando de derribar el ramo de los demás. Pero no todos eran tan violentos, ya que muchos se lanzaban sobre las rosquillas que adornaban sus ramos.

También se hacía una visita a la Virgen del Carmen y a San José, que antes se encontraba en el arco del Carmen de Eras, y se les llevaban ramos con rosquillas y naranjas, depositándolos allí. Y según la tradición nadie les robaba las rosquillas y los dulces.

Ahora esto no se hace, y no porque se perdiera la costumbre, que lo que se perdió fuel el arco, pues tiraron el de piedra e hicieron uno de cemento y no se acordaron de poner las imágenes.

Los días de duelo:

Al comenzar los días de duelo y luto por la muerte de Jesucristo, tres veces al día se iba con una carracla por todo el pueblo gritando: ¡A los oficios, a los pasos, al sermón, al viacrucis, a los actos religiosos!. Y durante los tres días que estaba muerto Jesús, todo era silencio. Los molineros les quitaban las campanillas a las caballerías con las que recogían las talegas de grano para moler. Los bares permanecían abiertos pero nadie cantaba en ellos. Y así se continuaba hasta el sábado, comenzando entonces a tocar las campanas y las carraclas, para que todo el pueblo supiera que Cristo había resucitado.

Miércoles Santo:

Se ponía un tenebrario con velas y el Monumento (la Dolorosa adornada con claveles y un lienzo).

Comenzaban los sacerdotes cantando a coro (antes tenían tres) y cada vez que daban un golpe con un martillo se apagaba una vela. Cuando todas habían sido apagadas y la iglesia quedaba a oscuras, todos los chicos comenzaban a tocar las carracas y tablillas de las que habían ido provistos.

Algunos de los muchachos más trastos se llevaban también un martillo y unos clavos, y cuando se armaba el alboroto, claveteaban las faldas de las mujeres en el banco, provocando el enfado de éstas cuando intentaban levantarse y se daban cuenta de los que les habían hecho.

Jueves Santo:

Este día tras el lavatorio de los pies, se llevaba el Santísimo hasta el Monumento, donde a las once se celebraba la Hora Santa. Después algunas personas se quedaban a velar en la iglesia durante toda la noche.

Viernes Santo:

Los oficios comenzaban temprano. A las siete de la mañana comenzaba la predicación del sermón de la Pasión. A las doce el Vía Crucis. A las cinco de la tarde los Santos Oficios, y acabados estos se llevaba el Santísimo otra vez al Sagrario. A las ocho el Sermón de la Soledad y a continuación la procesión. Esta salía de Mediavilla y esperaba a la que venía de Cuevas y juntas realizaban un recorrido similar al actual, portando los mismos pasos que ahora.

San Benito, 21 de marzo

Se subía al monasterio de Valvanera, donde se oía misa y se comía.

Fiesta de los cofrades, 25 de marzo

Se subía al monasterio de Valvanera, donde se oía misa y se comía.

Semana de la Ascensión

Se salía por las calles del pueblo realizando las rogativas y rezando las letanías a todos los santos para que lloviera. Y se decía:

  • Lunes letanía
  • Martes letanón
  • Miércoles a la ermita
  • Jueves la Ascensión

San Jorge, 23 de abril

Esta era fiesta grande para los pastores, pues se marcaban los corderos para echarlos al monte y se les desrabotaba.

Terminada la tarea, se ordeñaban las cabras y todos se reunían para comer las sopas hechas con la leche fresca.

Los Mayos, mayo

La víspera, el 30 de abril, a eso de las dos de la madrugada, los mozos iban a cortar el chopo más alto y más grande de los contornos. Lo traían arrastrando o al hombro, y el día 1 aparecía tieso, clavado en el centro de la plaza, desnudo y desconcertado. Y así permanecía durante todo el mes.

En lo más alto del chopo, la picota, se ponía dinero para que los mozos trepando con dificultades, trataran de cogerlo.

San Isidro, 15 de mayo

Fiesta de los labradores, con misa solemne, a la que asistían ataviados con el traje tradicional portando cestos con productos de sus campos, que eran ofrecidos al santo patrono. Como es natural, se salía en procesión por las calles del pueblo llevando la imagen de San Isidro.

San Juan, 24 de junio

Día importante en Cuevas y en el que sus mozos solían venir hasta Eras a visitar y a cantar a Santo Tomás, que tenía su hornacina en una posada que antes había en una casa cercana a la fuente de Eras y en la que vivía “Pedro”. La cancioncilla decía:

Bendito Santo Tomás

vecino del barrio de Eras

te venimos a cantar

todos los mozos de Cuevas.

A las 12 de la noche se iba a la Puentecilla y se estrellaba un huevo en un vaso, pues se creía que venía San Juan.

Las mozas se ponían delantales blancos de papel y tela y preparaban chocolate y rosquillas.

La fiesta duraba toda la noche y como broche final se esperaba el autobús que bajaba de la sierra, al que se lanzaba chocolate, poniéndolo perdido.

Santiago, 25 de julio

Los danzadores celebraban su merienda y por la tarde solían ir al río a pescar, pero no lo hacían con el más o menos lento método de la caña, sino que recurrían al expeditivo método de la cal o la dinamita, que además era sumamente rentable, llegando incluso a capturar un par de cestos de peces.

Tal vez como desagravio al sistema empleado, eran invitados al ágape las autoridades en pleno, desde el alcalde al secretario, pasando por la guardia civil.

El resto de las familias, como ahora, celebraban el día yendo a comer al río, mientras los jóvenes se reunían a merendar en cuadrillas.

San Roque, 16 de agosto

Había una tradición llamada “quemar el rabo de la zorra”, consistía en hacer por las noche unas marchas u hogueras, en algunas calles del pueblo, teniendo cada barrio la suya, y disputando por quien la hacía mayor.

En ella se quemaban las cañas y los rabos secos de las berzas que los labradores habían dejado como simiente y que ese día eran arrancados y quemados.

Los chicos danzaban alrededor de las hogueras diciendo:

 Viva San Roque y el perro

Las Animas, 1 de noviembre

Los jóvenes cogían calabazas, las vaciaban, les hacían ojos y boca y les metían dentro una vela. Al llegar la noche las encendían y ponían en lugares oscuros: callejas, escaleras y botanas de las puertas y esperaban a que pasara alguien para comprobar el susto que se llevaba.

Iglesia de San Andrés en 1944
Iglesia de San Andrés en 1944

San Andrés

Patrón de la Parroquia, cuyo nombre lleva.

Era una fiesta importante, a la que sistían todos los vecinos ataviados como en las fiestas grandes. Se celebraba misa mayor, e incluso se acababa la fiesta con el baile en el salón de Casimiro.

Las ferias de animales, en septiembre

Antes eran días de gran fiesta, en “las eras” se concentraban gran cantidad de animales que se vendían y compraban.

Antiguos oficios

Dulero: Todas las mañanas pasaba por las calles haciendo sonar el cencerro grande, avisando a los que tenían caballos, mulas y machos para que los sacaran de sus cuadras; él los recogía, se los llevaba al monte y los cuidaba hasta el anochecer.

El goyero y el cabrero: tenían el mismo oficio que el dulero, cuidaban de las vacas y de las cabras respectivamente. Los dos avisaban a las gentes del pueblo soplando un cuerno, que se identificaba fácilmente, pues emitían sonidos muy distintos.

El guarda: Dedicado a cuidar las fincas y huertos de los pequeños hurtos.

El regador: Mantenía las huertas con riego durante el verano.

Casamientos

Había dos tipos de celebración; la de los que no hacían viaje, y la de unos pocos privilegiados que se podían permitir ese lujo.

Los que podían viajar: para poder salir, tenían que celebrar la ceremonia a las 5 o las 6 de la madrugada, invitando posteriormente a sus amigos a tomar chocolate y salir corriendo al transporte que los llevaría a su destino, que como muy lejos siempre era Logroño capital, donde pasaban un día de luna de miel porque al día siguiente había que cavar.

Los que no podían viajar: se casaban un poco más tarde y la celebración duraba todo el día, sacrificando dos carneros, y si sobraba, tornadera, se continuaba la fiesta al día siguiente, y si no, pues, como los otros, a cavar.

Si, por desgracia, se quedaban viudos y viudas, mientras conservaban su estado civil, nada ocurría, pero cuando contraían segundas nupcias debían soportar durante tres noches consecutivas la cencerrada que les propinaban los mozos.

Juegos ya perdidos

La UTA: Era un palo redondo con los extremos planos, de forma que se podía sujetar de pie. Se le colocaban encima tres o cuatro monedas, y desde cierta distancia se le lanzaban dos chaplones de hierro. El jugador que del golpe tiraba la “uta” se llevaba las monedas que habían quedado más cerca del chaplón que de ésta. Cuando se acababan todas las monedas, los jugadores que quisieran continuar debían poner una moneda cada uno.

La CUCURUMBA: Un chico se ponía agachado, y el resto de jugadores le pegaba con las palmas de la mano diciendo:

Cucurumba, cucurumba,

Un juego tenemos,

pegar y no dar,

pegar sin reír,

pegar sin hablar,

Un pizquito en el culo

Y echar a volar.

El que se la quedaba se tapaba los ojos mientras los otros se escondían y se continuaba con un juego parecido al escondite.

LO ZORRO, LO PICO, LO TAINA: Un muchacho se ponía en el suelo a cuatro patas, como un caballo, otro se colocaba encima y levantaba el pulgar, el índice o el corazón= lo zorro, lo pico y lo taina. El que estaba debajo debía adivinar el dedo, y si acertaba, caminaban de posición, si fallaba se volvía a repetir el lance.

Los ALFILERES: Cada uno enterraba en el suelo un par , tapándolos con un poquito de tierra. A unos pasos se marcaba una raya, y desde allí se lanzaba por turnos una piedra plana, y si había suerte y puntería se conseguía desenterrar algún alfiler. Cada alfiler se contaba como un punto y ganaba el primero que llegaba a 5 ó 10, según se hubiera acordado.

Los CARTONES  y las TABAS:

La COMBA: Todavía se juega pero no se cantan las canciones de antes:

Mi padre es capitán,

me enseña la instrucción

y me da de comer

el pan de munición.

El rey que rabió

el culo se le vio,

por eso le llamamos

el rey que rabió.

Una, dos y tres,

barbo, trucha y pez,

pez, pececillo, el rabo del conejillo.

Pamplona la jardinera,

jardín de flores ,

donde pasea mi amante

con zapatitos de seda.

Al paseíto de oro

tres palmitas van

y la que va en el medio

hija de un capitán

sobrina de un teniente,

nieta de un coronel.

Retírate María,

retírate al cuartel,

que si no te retiras,

yo te retiraré,

con una espada en la mano

Mariquita y ¡olé!

 

El CORRO: En aquella época se cantaban canciones como:

 El día de la Ascensión cayó un marinero al agua

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Qué me das marinerito si yo te saco del agua,

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Te doy todos mis navíos forraditos de oro y plata

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Yo no quiero tus navíos forraditos de oro plata

que quiero cuando te mueras que a mí me entregues el alma

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

El al se la entregó a Dios y a la Virgen Soberana

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Y los dientes a los viejos para que casquen las castañas

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Y el pellejo al sacristán para que toquen las campanas

Chibiribirí morena, chibiribirí salada.

Todos: Donde va la bella jardinera tan temprano, dónde va.

Una: A buscar voy a la pradera una flor que oculta está.

Una flor que en primavera en mi huerto brotará.

Todos: Todas vamos, pues te alludaremos a buscar la flor,

que si hoy no tienes flores, tendrás nuestro amor.

¡Qué flor tan encantadora, ¡oh!, qué flor, qué jazmín!

Una:    He corrido la pradera desde uno al otro confín,

y no vi una flor que quisiera trasplantarse en mi jardín.

Todos: Jardinera, ven, no llores pese tu dolor,

que si hoy no tienes flores, tendrás nuestro amor.