Anguiano

Monasterio de Valvanera. Foto Chema.

Geografía

Se llega por todos los caminos, como a Roma. Pero por carretera solo desde la comarcal 113.

Y a medio camino, en una cruz: “…ninguna mujer entre hasta el término (…) y si entra, quede detenida hasta que pague sesenta sueldos al procurador del rey”. Cosas del siglo XI, que afortunadamente ya no cuentan.

Un paisaje, el del acceso y contornos, áspero, empinado y adusto que parece querer ocultar y reservar el “remanso de paz” que reina en el Valle estrecho y recoleto poblado de bosques apretados y breñas variadas, que surcan por veneros manantiales. Montes casi verticales con cimas de más mil metros, y con unos nombres como el bíblico Mori al Norte, el vulgar Umbría al Sur, el extraño Cándalo al Naciente y el antipático Pancrudo al Oeste.

A finales del siglo XI, por aquí pasaba la línea fronteriza entre Castilla y Navarra: “A summa cuculla ad rivo de Vallevenera”, concretaba Alfonso VI.

Hoy, municipio de Anguiano, comarca de Nájera, provincia de La Rioja. A 63 kilómetros de Logroño, 35 de Nájera y 15 de Anguiano.

Puntos obligados de referencia y de paso, véngase desde donde se venga, son Logroño, Haro y Santo Domingo de la Calzada, todos los cuales convergen en NAJERA, desde donde se pasa por Baños de Río Tobía, Bobadila y Anguiano. Viniendo de Burgos y Madrid, el punto de convergencia puede encontrarse también en Salas de los Infantes, Burgos, desde donde se recorre un camino que se cierra cada vez más, al borde del Najerilla truchero en una garganta  que impresiona hasta angustiar.

El último tramo, único e igual para todos: ese ramal de 5 kms. Empinados que parte del antiguo Hospital de Anguiano.

Historia

Parecida a la Geografía: altos y bajos sensacionales. Simas en las que se pierde la vista siglos abajo.

La leyenda cuenta cómo un bandolero arrepentido, Nuño Oñez, de Montenegro, ayudado por Domingo, sacerdote de Brieva, busca, encuentra y saca la Imagen sagrada del hueco de un Roble, en el que había enjambres y panales, y a cuyo pie brotaba la Fuente Santa, que todavía mana hoy. Y a partir de ahí, hasta ciento seis ermitaños, pueblan el Valle montando escolta, corte y coro a la Señora recién aparecida.

Los Monjes Benedictinos llegan hacia la primera mitad del siglo XI. Por Valvanera han pasado personajes ilustres como: Santo Domingo de la Calzada a ser monje, el Padre de santo Domingo de Silos a enterrarse,  reyes como Isabel la Católica  que peregrina el verano de 1482; pero sobre todo, enfermos, pecadores, penitentes y agradecidos peregrinos.

Años y siglos de oración, trabajo, frío, penuria y esfuerzo al ritmo del “ORA ET LABORA” benedictino. Estudian y escriben, atienden a los peregrinos, cultivan treinta y dos granjas diseminadas hasta los confines de Segovia y Soria.

En Enero de 1809 las huestes de Napoleón incendian todo. Y se llevan, entre otras cosas, treinta arrobas de plata.

Desde 1835 hasta 1880 y por la Ley de Desamortización de Mendizaval, se produjo la exclaustración más importante que dejó al Valle y Santuario en estado de abandono total. Teniendo que trasladar la Imagen de la Virgen a la parroquia de Brieva de Cameros.

En la Primavera de 1880 el Hno. Tiburcio comienza a levantar escombros y consigue interesar y embarcar a toda La Rioja en la empresa de la restauración. En 1883 llegan algunos de los monjes exclaustrados. En 1885 vuelve la Virgen y todo sube a marchas forzadas.

En 1914 es bendecido el primero y último abad. La Virgen es coronada canónicamente el 15 de Octubre de 1954. Pablo VI la proclama Patrona Principal de la Diócesis el 23 de Octubre de 1965.

En la actualidad los Monjes siguen trabajando, restaurando y atendiendo.

EL NOMBRE DE VALVANERA

Lo más probable es que  provenga de Venus  (Valle de Venus). La piedad lo ha convertido en Valle de Venas, derivado del nombre latino Vallis Venaria, en una transposición simbólica de los manantiales y vetas de agua y metales que surcan el terreno. También podría provenir de Valle del Perdón o Vallis Veniae. Y no sin fundamento, podría proceder también de Valle de Caza o Vallis Venationis.

LA IMAGEN SAGRADA

Hermosa, desconcertante e impresionante. No hay más que verla. Todavía no ha habido quien se atreva a clasificarla definitivamente ni en tiempo ni en estilo. Parece románica, pero tiene un algo que no permite dejarla en románica. Anatomía primitiva, defectuosa, con rasgos exquisitos y refinados. Ahora se explica por reformas posteriores. Lo más probable es que sea una escultura románica de la segunda mitad del siglo XII, aunque algunos autores retrasan la fecha hasta el siglo X.

Cruz del Monasterio de Valvanera. Foto Chema
Cruz del Monasterio de Valvanera. Foto Chema

Arte

Iglesia gótica del segundo período, esbelta y proporcionada. Hubo antes otra románica, que restauró Alfonso VI en 1092. De quedar algo de ella, no hay más que el ángulo inferior izquierdo de la actual. Y antes, otra sencillísima, que seguramente sería visigótica. Una piedra que no llega a crismón podría ser testimonio.

Detrás del testero del altar mayor, un espacioso camarín de la Virgen.

Una capilla de reciente hechura, más fácil de calentar, hace de templo la mayor parte del año. Lleva sillería de veintitrés sitiales en roble.

En la Sacristía todavía se conservan piezas de tisú de oro y plata, aunque muy poco para lo que debió ser. Un retazo de casulla del siglo XV; por  haber sido dotación de una fundación, la llaman de san Atanasio. Un frontal y un estandarte bordados en seda matizada, del siglo XVII. Dos centros de plata, del siglo XVI, que se libraron de la rapiña francesa y encontró el Hno. Tiburcio entre las ruinas calcinadas. Una imagencita de la Virgen, del siglo XVII, barroquita, explica en el libro del Niño el enigma de sus pies vueltos: “Retiré el rostro por no ver un sacrilegio”.

La única pieza de valor es reciente: la corona de oro y pedrería que el pueblo riojano regaló a su Virgen el día de la coronación.

En la iglesia, con la piedra sacada hace poco, una sillería en nogal para cincuenta y tres monjes. Recientes retablos laterales en mosaico. En los ventanales, rasgados y elegantes, vidrieras en policromía abstracta.

Flanquean la Iglesia una antigua hospedería renacentista y vistosa al Oriente; al Poniente, el edificio monacal, restaurado casi totalmente sobre un esqueleto del siglo XVII. Más allá la Hospedería que hasta ser restaurada para tal fin fue la casa solariega, añosa y modesta, de todos los peregrinos. Y más allá, todo paisaje, un elemento constitutivo más de Valvanera.

Los Monjes

Con la Virgen y el paisaje forman el tercer elemento de la Valvanera secular. Les gusta que los llamen Monjes. Prefieren el silencio y la soledad. Son pocos. Nunca  debieron ser muchos: la vida ha sido difícil  y cara; lo consignaba ya la primera historia que se conserva, del siglo XIII. La Abadía nunca alcanzó el renombre de Nájera y San Millán. De destacar por algo, debió ser por humilde y ascética. Ha tenido épocas hasta con cerca de cuarenta monjes: por los años cuarenta y cinco, por ejemplo. Con aquellos monjes se repobló la antigua cartuja de El Paular, junto al Lozoya.

Su quehacer específico es la Contemplación cristiana, que es la forma y el grado del ORA proverbial. El LABORA les interesa por lo que tiene de trabajo: en qué y cómo es lo de menos: toda actividad honesta les sirve. Como el Santuario necesita servicio y atención, atienden y sirven lo mejor que saben y pueden; como el entorno es tan poco propicio a cultivos agrícolas e industriales, se buscan el trabajo como Dios les da a entender: unos modestos bancales arrancados a la ladera empinada les permiten tener verduras casi suficientes para la Comunidad. Las ABEJAS cuentan con mucha y muy estimada tradición en Valvanera; como que ofrecen uno de los atributos más queridos de la advocación: ellas fueron el primer cortejo y el primer coro que cantó a la Virgen escondida en el Roble. Los Monjes ven en ellas ejemplo simbólico de laboriosidad y contemplación. Las cuidan con mimo y ofrecen a los peregrinos una miel pura cien por cien. En una modesta destilería invierten horas produciendo y manipulando el LICOR VALVANERA, que cada día tiene más aceptación porque es rumor que “lo hacen a conciencia”.

Ermita del Cristo del Monasterio de Valvanera. Foto Chema

Peregrinaciones

Se cuenta que, en la Edad Media, el número de peregrinos que subían a Valvanera era tan elevado que fue necesario colocar las cruces para que la gente hiciese desde allí la oración sin acercarse al Santuario. Venían de toda la Provincia y fuera de ella, pobres y ricos, sanos y enfermos, nobles y plebeyos.

Entonces como ahora la concurrencia de romeros solía comenzar con los primeros días de la primavera.

En la actualidad los pueblos riojanos, tienen reservado un día de romería o peregrinación a Valvanera, Anguiano celebra su romería el 15 de septiembre.

Y desde 1977 todos los años a finales de abril y principios de mayo se celebra la Valvanerada, marcha que se realiza desde Logroño hasta el Monasterio de Valvanera